Formacion pastoral

Formacion Pastoral

Formación Pastoral es un estudio de los múltiples aspectos del liderazgo exitoso, más reflexiones sobre casos reales del ministerio y cómo el pastor puede enfrentar estas eventualidades con ecuanimidad y sabiduría.  Enseña como pensar y actuar como miembro del liderazgo. 

Pastor Victor Aguilar

«Ser líder no es fácil… pero no imposible«

El líder nada contra la corriente.

Líderes en circunstancias y países distintos. Sin embargo convergen en un principio que experimentó Noé: los líderes nadan contra la corriente.

Observe lo que dice la Biblia acerca de nuestro personaje: “Noé, hombre justo, era perfecto entre los hombres de su tiempo; caminó Noé con Dios. Y engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet”(Génesis 6:9, 10). El pasaje Escritural no nos dice que era más alto, más bajo o quizá más robusto que cualquiera otro. En absoluto. Es más, nos advierten que era padre de familia. Tenía sobre sus hombros la responsabilidad de una esposa y tres hijos. ¡Nada fácil!.

Hasta allí todo marcha bien. Sin duda lo invitaríamos a tomar un buen café  si lo halláramos alguna vez. Pero… –el inevitable pero– Noé era además de un ciudadano como los que vemos en medio nuestro, alguien que reunía tres principios que rompían todos los esquemas: Primero, “…era justo”,  es decir, alguien centrado con principios y valores; segundo, era “perfecto entre los hombres de su tiempo”. En otras palabras, así media ciudad estuviese tras él en procura de encontrarle alguna falla, se llevarían tremendo chasco porque era “perfecto”, sin una conducta inclinada a errar, engañar, poner trampas a los demás o tomar ventaja de ellos en cualquier trato o negocio que concretara.

Hay un tercer aspecto que no podemos pasar por alto: “…caminó Noé con Dios”. ¿Se da cuenta? Estamos hablando de un líder… de un auténtico líder… alguien que, aunque a primera vista luciera similar a todos, marcaba la diferencia no solo por su manera de pensar sino por las actitudes que diferían del común de las gentes. Noé fue un líder que impactó a su generación. Tenía algo diferente…

Pero ¿cuál era el medio en el que se desenvolvía? “La tierra se corrompió delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y vio que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”(Génesis 6.11, 12).

Es evidente que todo en derredor era un caos. Y él junto con su familia se encontraban en el ojo del huracán.

Para Noé hablar de recobrar principios y valores en el quehacer cotidiano, significaba tanto como nadar contra la corriente. Era avanzar contra una enorme ola o quizá, intentar escalar cuando el viento está en contra y golpea nuestro rostro despiadadamente. ¡No era fácil!. ¡Que enorme diferencia entre las palabras motivadoras que podía recibir cada día, y la horda de enemigos, libertinos y criticones que debía enfrentar!.

Ese es el panorama que tenemos enfrente y que sin duda no difería mucho del que enfrentaba Noé. A él como a nosotros le tocó “Nadar contra la corriente”. Quizá lo aprendió a fuerza de fracasos y de intentarlo nuevamente, pero su liderazgo se fortaleció enfrentando una cantidad de adversidades. Muchos en su lugar, quizá habrían renunciado. Pero él, como líder, tenía claro que es teniendo el viento en contra que los que vuelan en cometas llegan más alto…

 

panorama biblico

El líder no se sujeta a los parámetros comunes.

Lo normal y aceptable en la sociedad de su tiempo para Noé, y para nosotros hoy, sería ajustarse a los principios vigentes. Así él y nosotros ahora, quedaríamos bien con todos. Sin embargo la Biblia insiste en un hecho: “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová”(Génesis 6:8).

Ese hecho marcó la diferencia. En apariencia algo intrascendente, pero en la práctica, algo de suma importancia. Sin duda rompió todos los esquemas. Esa determinación le permitió avanzar. De lo contrario, sujeto a lo que todos pensaban y hacían, sin duda nunca habría llegado a ninguna parte. Habría encontrado personas negativas a su paso, a quienes consideran que nada se puede hacer diferente porque ellos no pudieron hacerlo y quienes miran mal a los que tan solo se atreven a pensar diferente.

¿Usted imagina qué pasaría con nuestra sociedad si un buen grupo de personas, al igual que Noé, hallaran gracia ante Dios? Sencillamente que comenzaríamos a cambiar el mundo. Los conductores respetarían las normas de tránsito; los vendedores retornarían el vuelto correcto a sus clientes; quienes acuden a solicitar un servicio respetarían la fila sin tratar de colarse por encima de quienes llevan rato esperando; el médico ejercería a cabalidad su profesión mientras que el periodista se ceñiría a los hechos y no a la especulación… definitivamente el mundo sería diferente…

La obediencia, un principio que identifica al líder.

¿Ilógico? Definitivamente si. Todo en la misión que Dios encomendó a Noé parecía ilógico. No  comprendía bien cuál era el propósito, sin embargo actuó en obediencia. “E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová”(Génesis 7:5).

Esa disposición de sujetarse a las pautas trazadas por dios la apreciamos en la preparación y posterior embarque de todo el género animal así como de su propia familia (versículos 9 y 16). No discutió, no argumentó, no contradijo. Tenía claro que nuestro amado Creador no improvisa cuando nos manda a hacer algo.

Un hombre o mujer que se hayan matriculado en la “Escuela de Dios” para potencializar sus capacidades como líder en aras lograr crecimiento permanente y sostenido, asume la obediencia como un principio ineludible.

Cuando seguimos las instrucciones al pie de la letra, Aquél que nos llamó a servirle en Su obra nos irá mostrando la ruta a seguir. Algo diametralmente opuesto ocurre cuando obramos a nuestra manera. Generalmente tropezamos una y otra vez porque estamos moviéndonos en nuestras fuerzas y no en las de Aquél que nos envió a cumplir la misión.

La satisfacción del deber cumplido.

¿Ha sentido alguna vez la satisfacción de concluir cabal y exitosamente con su trabajo? Esa misma sensación fue la que embargó a Noé cuando terminó el diluvio, la tierra se secó y todo retornó a la aparente normalidad ¡Había cumplido la misión!

El desenvolvimiento de este patriarca que aprendió lecciones de liderazgo en la práctica y no en el instituto bíblico o quizá en una escuela de formación superior, contrasta con personas que hoy día comienzan una tarea y no la concluyen. Se especializan en hacer las cosas “a medias”.

Nunca terminan aquello que empiezan. El entusiasmo con el que emprenden las labores se agota poco tiempo después de iniciar la jornada y permiten que los embargue la pereza o el desánimo.

Tales personas difícilmente llegan a ninguna parte. Los hallamos en todas partes: en la iglesia pero también en el trabajo, la universidad o en el sector que habitamos. Con su inconsistencia no hacen otra cosa que pagar la colegiatura para ser fracasados.

¿Acaso Dios quiere esa actitud derrotista para nosotros. En absoluto. El nos creó para ser triunfadores. Pero en cierta medida, lograrlo sólo es posible cuando caminamos conforme a la voluntad de El, trazada en la Palabra, y aplicamos esos principios que –si bien es cierto– en ocasiones no entendemos, nos llevarán a puerto seguro.

En el relato leemos que “Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo:”Fructificad multiplicaos y llenad la tierra”(Génesis 9:1). A través de este visionario el Señor había cumplido su tarea de sanear el mundo. Cuando cesó la voz del Creador, Noé dio vuelta y se encaminó a su tienda donde le esperaban su esposa y sus ojos. Sonrió con satisfacción y razonó que había valido la pena todo el esfuerzo. Sentado en una silla mientras caía la tarde, volvió  a sonreír y pensó en todo lo que había aprendido en la “Escuela de Dios”. Sin proponérselo, había marcado toda una generación con su liderazgo…

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